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Author: Nuevo Accion

RETAZOS DE LITERATURA: ATROCIDADES DEL BOLCHEVISMO. VIOLADAS POR EL EJ√ČRCITO RUSO

Posted on August 2, 2014 by Nuevo Accion

HORDAS RUSAS ENTRANDO A BERLIN

Foto de las hordas soviéticas entrando a Berlín

Crónica EL MUNDO

ANTONY BEEVOR

Antony Beevor, autor de ¬ęStalingrado¬Ľ, una novela que caus√≥ gran impacto internacional, ha realizado una minuciosa investigaci√≥n sobre otro episodio de la II Guerra Mundial: la ca√≠da de Berl√≠n. Su nuevo libro sacude las conciencias con las revelaciones de barbaridades cometidas por soldados rusos

El diario se descubri√≥ entre las ruinas en llamas de Berl√≠n, totalmente arrasada por el choque de dos ej√©rcitos poderosos y desesperados. No hab√≠a ning√ļn nombre escrito en la portada, pero entre todas las historias de privaciones y luchas, una revelaba el infierno de una guerra que se acercaba a su apocal√≠ptico final. La autora, una joven alemana, describ√≠a c√≥mo hab√≠a sido violada por los soldados del Ej√©rcito Rojo, que avanzaba √°vido de tomar la ciudad y de vengarse de los alemanes. ¬ęCierra los ojos, aprieta los dientes, no digas nada¬Ľ, garabate√≥ la mujer, recordando c√≥mo se hab√≠a inducido al silencio para soportar la agresi√≥n. ¬ęPero cuando la ropa interior cae rasgada y los dientes rechinan involuntariamente, la √ļltima prenda ‚ĶEstoy paralizada. No siento asco, sino una completa frialdad. Es como si mi espalda estuviera helada. Estoy mareada, tengo fr√≠o en la nuca. Antes de marcharse extrae algo del bolsillo y lo lanza sobre la mesa sin decir palabra; aparta la silla y sale dando un portazo. Ha dejado un paquete de tabaco arrugado. Es la propina¬Ľ.

EJERCITO ROJO EN BERLIN

Ha habido que esperar hasta 60 a√Īos despu√©s de que se produjera la violaci√≥n de esta mujer an√≥nima, para que se conozca la verdadera dimensi√≥n de la campa√Īa de violaciones perpetrada por el Ej√©rcito Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. El escritor brit√°nico Antony Beevor, ex oficial del Ej√©rcito cuya reconstrucci√≥n de la batalla de Stalingrado se convirti√≥ en un √©xito de ventas, est√° a punto de publicar un libro sobre la ca√≠da de Berl√≠n. Al buscar entre archivos sovi√©ticos, cuyo acceso hab√≠a estado vedado a los historiadores hasta hace poco, Beevor descubri√≥ una tormenta de venganzas que le dej√≥ ¬ętotalmente consternado¬Ľ.

Se cree que unos dos millones de mujeres fueron violadas, agredidas o asesinadas por los soldados del Ej√©rcito Rojo en su avance sobre Alemania, pero el libro de Beevor revelar√° horrores a√ļn mayores. ¬ęCuando el Ej√©rcito Rojo lleg√≥ a Berl√≠n, los soldados ya consideraban a las mujeres una especie de bot√≠n carnal¬Ľ, afirma ¬ęCre√≠an que pod√≠an hacer lo que quisieran, ya que estaban liberando Europa¬Ľ. En algunos casos las mujeres de una calle entera fueron violadas: abuelas, embarazadas, incluso mujeres que se encontraban en su lecho de muerte. Seg√ļn el representante del Vaticano en Berl√≠n, en octubre de 1945, seis meses despu√©s del final de la guerra, miles de mujeres permanecieron semanas escondidas en los tejados para eludir los saqueos y registros de los escuadrones del Ej√©rcito Rojo quienes, cuando se emborrachaban, avivaban su apetito sexual.

¬ęHan violado a mujeres de entre 10 y 70 a√Īos, e incluso a algunas de hasta 75 a√Īos¬Ľ, aseguraba el representante del Vaticano. Beevor ha descubierto aspectos todav√≠a m√°s siniestros: los rusos violaron incluso a reclusas liberadas de los campos de concentraci√≥n, mujeres esquel√©ticas, vestidas de harapos. ¬ęEsto echa por tierra la idea de que los soldados s√≥lo utilizaron la violaci√≥n como una forma de venganza contra los alemanes¬Ľ, afirma. Sus comentarios ya han provocado pol√©mica. El embajador ruso en Londres ha acusado al escritor brit√°nico de ¬ęblasfemar¬Ľ contra el pueblo ruso. ¬ęEs una injuria contra el pueblo que salv√≥ al mundo del nazismo¬Ľ, ha declarado indignado esta semana Grigory Karasin.

TAMBI√ČN MORIBUNDAS

En la aldea de Dahlem, recuerda una mujer, ¬ęlos rusos se colocaron en fila delante de un grupo de mujeres. Ni siquiera se daban cuenta de que algunas estaban agonizando, porque hab√≠an ingerido veneno o sufr√≠an hemorragias internas. Los soldados les abr√≠an la boca a la fuerza y las obligaban a tomar bebidas alcoh√≥licas¬Ľ. Anna Seddig, una joven de Prusia oriental que intentaba escapar de la guerra encinta y con su hijo de un a√Īo, Siegfried, fue otra v√≠ctima de los rusos. ¬ęUna noche, cuando busc√°bamos un lugar para refugiarnos, nos topamos con un grupo de soldados. Nos iluminaron con una linterna. Uno me dijo: ‚ÄúTe vamos a llevar a un lugar donde podr√°s pasar la noche‚ÄĚ. Era un refugio antia√©reo. Ah√≠ me violaron, uno tras otro. Era como si estuviera muerta, ten√≠a calambres por todo el cuerpo. Sientes repugnancia, s√≥lo sientes repugnancia. √Čramos blancos leg√≠timos para los rusos. No s√© cu√°ntos hombres hab√≠a, 10, 15‚Ķ¬Ľ.

Muchos han intentado ocultar lo ocurrido. Cornelius Ryan, autor de The Last Battle, donde narra la ca√≠da de Berl√≠n, descubri√≥ que tras publicarse el libro en 1966 algunos editores lo presionaron para que eliminara pasajes como el siguiente: ¬ęMientras continuaba la batalla, se produc√≠a otra ofensiva salvaje. Era encarnizada, personal. Las hordas rusas que llegaban tras los disciplinados veteranos del frente exig√≠an el derecho de los conquistadores: las mujeres de los conquistados¬Ľ. ¬ę√örsula Roester dorm√≠a en el s√≥tano de una casa de Zehlendorf junto con sus padres, sus hijas gemelas de seis a√Īos, y Bernard, su hijo de siete meses, cuando cuatro soldados rusos golpearon la puerta con la culata de sus fusiles¬Ľ. ¬ęRegistraron el refugio. Un soldado ruso encontr√≥ un frasco de perfume franc√©s. Lo destap√≥, lo oli√≥ y lo derram√≥ sobre su uniforme. Otro enca√Īon√≥ a los padres e hijos de √örsula y los encerr√≥ en el s√≥tano. A continuaci√≥n, los cuatro se turnaron para violarla¬Ľ.

¬ęAl d√≠a siguiente, a eso de las seis de la ma√Īana, √örsula estaba amamantando a su beb√© cuando otros dos soldados rusos entraron en el s√≥tano¬Ľ. ¬ęIntent√≥ escapar por la puerta con su beb√© en brazos. Pero estaba muy d√©bil. Uno de los rusos le quit√≥ el beb√© y lo coloc√≥ en su cochecito. El otro la mir√≥ y sonri√≥. Ambos la violaron‚Ķ¬Ľ. El legado de la campa√Īa de violaciones del Ej√©rcito Rojo es imperecedero‚Ķ. Hanna Gerlitz, esposa de un banquero de Berl√≠n, fue violada por seis soldados rusos delante de su marido. ¬ęCuando terminaron¬Ľ, recuerda, ¬ędispararon sus fusiles al aire. Las otras personas que estaban en casa cre√≠an que me hab√≠an asesinado, hasta que les grit√©: ‚ÄúEstoy bien. Ya todo ha acabado‚Ä̬Ľ. Despu√©s tuve que consolar a mi esposo y ayudarlo a recobrar el valor. Lloraba como un ni√Īo¬Ľ.



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